El frágil equilibrio del doble cultivo trigo-soja frente al aumento de costos de fertilizantes
La agricultura argentina se encuentra ante un desafío significativo de cara a la campaña 2026/27, con el sistema de doble cultivo trigo/soja de segunda enfrentando una rentabilidad precaria. El encarecimiento de los fertilizantes, impulsado por conflictos geopolíticos, ha modificado drásticamente los cálculos de costos, empujando a este esquema productivo cerca de su umbral de equilibrio. Esta situación exige a los productores una revisión profunda de sus decisiones de inversión, manejo tecnológico y estrategias de mercado, para poder mantener la viabilidad económica en un contexto de márgenes cada vez más ajustados.
El sector agropecuario, especialmente en lo que respecta a la combinación de trigo y soja de segunda, tradicionalmente ha sido un pilar para la intensificación del uso del suelo y la estabilidad económica en varias regiones. Sin embargo, la actual coyuntura, marcada por la escalada de precios de insumos esenciales como los fertilizantes y una falta de firmeza en los precios de los productos en el mercado, ha transformado un negocio antes cómodo en uno altamente vulnerable. Los análisis actuales de CREA evidencian cómo la rentabilidad se ha vuelto hipersensible a las fluctuaciones del mercado y a la eficiencia en la adopción de tecnologías. Este escenario resalta la necesidad de una planificación meticulosa y una gestión de riesgos activa para afrontar la volatilidad inherente al sector agrícola.
El impacto del alza en el precio de los fertilizantes en la producción agrícola
Uno de los principales factores que ha reconfigurado el panorama de la producción agrícola es el marcado incremento en el costo de los fertilizantes. Los recientes aumentos en el mercado internacional, directamente vinculados a las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, han ejercido una presión considerable sobre los costos asociados al sistema de doble cultivo, impactando directamente en la viabilidad económica de los agricultores.
A nivel nacional, el costo adicional estimado por hectárea para el esquema trigo/soja de segunda se sitúa en aproximadamente 35 dólares. Sin embargo, en aquellos sistemas productivos que implementan un alto nivel tecnológico y donde la fertilización juega un rol crucial, este impacto puede elevarse hasta los 60 dólares por hectárea. Esta magnitud en el aumento de costos no es menor, ya que los fertilizantes representan una variable significativa en la estructura de gastos de los sistemas intensivos, alterando los márgenes brutos esperados y obligando a los productores a reajustar los umbrales de rendimiento, así como a tomar decisiones críticas sobre las dosis aplicadas, las fechas de siembra y el nivel general de inversión.
Equilibrio precario y vulnerabilidad del sector agrícola argentino
Con base en rendimientos históricos promedio y las expectativas de precios de cosecha del mercado a término A3, el resultado económico a nivel nacional del doble cultivo se encuentra actualmente en un punto muy cercano al equilibrio. Esto indica que, a pesar de los desafíos, la combinación de trigo y soja aún es sostenible, aunque con una rentabilidad extremadamente ajustada y dependiente de la ausencia de nuevos factores adversos que puedan desestabilizar la situación.
No obstante, el promedio nacional oculta una diversidad de realidades regionales. Las condiciones varían significativamente según el ambiente productivo, la disponibilidad de agua y la estructura de costos local. Mientras que en zonas con mayor potencial agronómico la ecuación puede seguir siendo favorable, en ambientes más restrictivos el margen de beneficio se reduce drásticamente, aumentando el riesgo operativo. En este contexto, la campaña actual, aunque no se prevé con pérdidas generalizadas, demanda una precisión mucho mayor en la toma de decisiones que en años anteriores, cuando los costos eran menos agresivos y el margen de error era más amplio.